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Las Uñas volver

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Desde los tiempos de Hipócrates, se sabe que las uñas pueden presentar sus propias enfermedades, y no sólo eso, sino que con frecuencia pueden mostrar signos indirectos que reflejan afecciones cutáneas o de otros órganos o aparatos. Los médicos debieran prestar atención a estos fenómenos, utilizándolos como ayuda en algunos diagnósticos. Sin embargo, la realidad es muy distinta y muchas veces se omite su estudio por encontrarlo difícil, confuso o de escaso interés.

La uña normal constituye un anejo de la piel distal del dorso de los dedos en forma de placa córnea dura, aplanada y de superficie generalmente convexa, situada en la región dorsal de la última falange. La uña y el tejido circundante de la falange distal forman una unidad funcional integradora del tacto y de la prehensión. La falta de una uña disminuye en cuantía considerable la función del órgano distal; por ejemplo la facultad de coger objetos muy finos. La perdida de la uña del primer dedo del pie, y menos de los restantes dedos, puede trastornar intensamente la deambulación, en especial la marcha por la montaña. La velocidad de crecimiento disminuye a medida que el individuo envejece. El promedio de aumento de la longitud ungueal por semana varía entre 0,5 y 1,2 mm, aunque junto al envejecimiento también pueden influir sobre este promedio la circulación, la nutrición y la sobrecarga fisiológica. Así, las uñas de un trabajador manual crecen con mayor rapidez.

Es importante conocer los cambios en la forma, el color y la superficie de las uñas, así como las anomalías en su desarrollo.

Muchas dermatosis pueden afectarlas. Entre ellas cabe destacar la soriasis, el liquen plano, la alopecia areata, la enfermedad de Darier, etc.

Una patología muy frecuente, pero no la única, es la onicomicosis, es decir, la infección de los cuerpos ungueales por especies de dermatofitos. La tiña de las uñas es prevalente en todo el mundo y aunque puede ser la única manifestación de una micosis en un paciente, en la gran mayoría de casos se asocia con una tiña del pie o de la mano. La invasión del cuerpo de la uña suele producirse a partir del surco lateral o del borde libre, formándose una elaborada red de canales y lagunas, que da lugar a una opacidad y destrucción final y desmenuzamiento del cuerpo de la uña. Con frecuencia, aparece una hiperqueratosis subungueal. El tratamiento debe ser prolongado hasta que la uña haya completado su crecimiento en su parte sana. Los productos tópicos utilizados son muy variados; hoy en día, hay que considerar la utilización de lacas y cuando el número de uñas afectadas es importante se debe asociar tratamiento sistémico.

Ciertas alteraciones ungueales poseen un gran interés para el diagnóstico de enfermedades generales y dermopatías, o bien como signo de una intolerancia medicamentosa, entre las que cabe considerar enfermedades infecciosas, trastornos circulatorios, enfermedades intestinales, nefropatías crónicas y enfermedades carenciales.

En algunas ocasiones se precisan tratamientos estéticos (esmaltes, lacas etc.,) para restablecer la estética de la uña. Son muy útiles las cremas hidratantes que previenen o mejoran la fragilidad de las uñas. Es de suma importancia el buen estado de la microcirculación en la punta de los dedos.

El tabaco desempeña un papel fundamental en la alteración de la buena salud de las uñas.

Las uñas artificiales están disponibles en diversas formas y tamaños, pero su utilidad es limitada.

Por lo demás, las uñas sanas y bien cuidadas contribuyen en no escasa proporción a la estética de la mano.

Fecha última Inserción/Actualización: 17/04/2013

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